vagabundo a merced de la ley que lo envía, sin falta, a los trabajos forzados.
Tal es el sistema fabril esbozado tan plenamente como me lo permite el espacio, y con tan poco espíritu partidista como lo permiten las heroicas hazañas de la burguesía contra los trabajadores indefensos—hazañas ante las cuales es imposible permanecer indiferente, ante las cuales la indiferencia sería un crimen. Comparémos la condición del inglés libre de 1845 con la del siervo sajón bajo el látigo de los barones normandos de 1145. El siervo era glebæ adscriptus, ligado a la tierra; lo mismo le ocurre al obrero libre a través del sistema de la casita alquilada (cottage system). El siervo debía a su señor el jus primæ noctis, el derecho de pernada—el obrero libre debe entregar a su señor, a petición, no solo eso, sino el derecho de cualquier noche. El siervo no podía adquirir propiedad alguna; todo lo que ganaba, su señor podía arrebatárselo; el obrero libre no tiene propiedad, no puede adquirir ninguna debido a la presión de la competencia, y lo que ni siquiera el barón normando hacía, el fabricante moderno lo hace. A través del sistema de pago en mercancías (truck system), asume todos los días la administración en detalle de las cosas que el trabajador requiere para sus necesidades inmediatas. La relación del señor de la tierra con el siervo estaba regulada por las costumbres y estatutos vigentes, los cuales se obedecían porque se correspondían con ellos. La relación del obrero libre con su amo está regulada por leyes que no se obedecen, porque no se corresponden ni con los intereses del empleador ni con las costumbres vigentes. El señor de la tierra no podía separar al siervo de la tierra ni venderlo separado de ella, y puesto que casi toda la tierra era feudo y no había capital, en la práctica no podía venderlo en absoluto. El burgués moderno obliga al obrero a venderse a sí mismo. El siervo era el esclavo del terruño en el que había nacido; el obrero es el esclavo de sus propios medios de vida y del dinero con el que tiene que comprarlos—ambos son esclavos de una cosa. El siervo tenía una garantía para sus medios de subsistencia en el orden social feudal, en el cual cada miembro tenía su propio lugar. El obrero libre no tiene garantía alguna, porque solo tiene un