instante de que es un hombre que, como dice Leach, “se resiste al orden legal establecido por las tarjetas de los tejedores y que, por si fuera poco, tiene la desvergüenza de dudar de la sabiduría de aquellos que son, como debería saber, sus superiores en la sociedad”.
Naturalmente, los obreros son perfectamente libres; el fabricante no los obliga a tomar sus materias primas y sus tarjetas, pero les dice lo que Leach traduce al inglés llano con las palabras:
«Si no te gusta freírte en mi sartén, puedes ir a dar un paseo al fuego».
Los tejedores de seda de Londres, y en especial los de Spitalfields, han vivido en la miseria periódica durante mucho tiempo, y que todavía no tienen motivos para estar satisfechos con su suerte lo demuestra el hecho de que participan muy activamente en los movimientos obreros ingleses en general, y en los londinenses en particular.
La miseria que reina entre ellos dio origen a la fiebre que estalló en el East London y motivó la Comisión para la Investigación de las Condiciones Sanitarias de la Clase Obrera. Pero el último informe del Hospital de Fiebres de Londres demuestra que esta enfermedad sigue haciendo estragos.