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“A girl feels very ill, can scarcely do her work. Why does she not ask permission to go home? Ah! the master is very particular, and if we are away half a day, we risk being sent away altogether.”
O Sir D. Barry:
“Thomas McDurt, obrero, tiene ligera fiebre. No puede quedarse en casa más de cuatro días, porque teme perder su puesto”.
Y así ocurre en casi todas las fábricas. El empleo de jovencitas produce toda clase de irregularidades durante el período de desarrollo. En algunas, especialmente en las mejor alimentadas, el calor de las fábricas acelera este proceso, de modo que, en casos aislados, niñas de trece y catorce años son totalmente maduras. Robertson, a quien ya he citado (mencionado en el Informe de la Comisión de Investigación sobre las Fábricas como el ginecológico «eminente» de Manchester), relata en el North of England Medical and Surgical Journal que había visto a una niña de once años que no solo era una mujer completamente desarrollada, sino que estaba embarazada, y que en Manchester no era en absoluto raro que las mujeres dieran a luz a los quince años de edad. En tales casos, la influencia de la calidez de las fábricas es la misma que la de un clima tropical y, como en dichos climas, el desarrollo anormalmente temprano se venga con una vejez y una debilidad correspondientemente prematuras. Por otra parte, se produce un desarrollo retrasado de la constitución femenina; los pechos maduran tarde o no lo hacen en absoluto. La menstruación aparece por primera vez en el decimoséptimo o decimoctavo año, a veces en el vigésimo, y a menudo está totalmente ausente. La menstruación irregular, unida a grandes dolores y numerosas afecciones, especialmente a la anemia, es muy frecuente, como afirman unánimemente los informes médicos.