nuevo supervisor fue despedido por multar muy poco y reportar así cinco libras semanales menos de lo debido. Y repito que me consta que Leach es un hombre absolutamente digno de confianza e incapaz de decir una falsedad.
Pero el obrero es esclavo de su empleador en otros aspectos aún.
Si su esposa o hija encuentran favor a los ojos del amo, una orden, una propina bastan, y ella debe ponerse a su disposición.
Cuando el empleador desea reunir firmas para una petición en favor de los intereses burgueses, sólo necesita enviarla a su fábrica.
Si desea decidir una elección parlamentaria, envía a sus obreros en edad de votar en filas cerradas a las urnas, y votan por el candidato burgués quiéranlo o no.
Si desea una mayoría en una reunión pública, los despacha media hora antes de lo habitual y les asegura lugares cerca de la tribuna, donde puede vigilarlos a su entera satisfacción.
Dos arreglos más contribuyen especialmente a someter al obrero al dominio del fabricante: el sistema del Truck y el sistema de las Cabañas (Cottage system). El sistema del truck, el pago a los obreros en mercancías, era antiguamente universal en Inglaterra. El fabricante abre una tienda «para comodidad de los obreros y para protegerlos de los altos precios de los pequeños comerciantes». Allí se les venden géneros de toda clase a crédito; y para evitar que los obreros acudan a las tiendas donde podrían conseguir sus mercancías más baratas —las llamadas Tommy shops suelen cobrar entre un veinticinco y un treinta por ciento más que las demás—, los salarios se pagan en vales para la tienda en lugar de dinero. La indignación general contra este infame sistema condujo a la aprobación de la Ley del Truck en 1831, por la cual, para la mayoría de los empleados, el pago en vales de mercancías fue declarado nulo e ilegal, y se castigó con multa; pero, como