encuentran, casi exclusivamente, pequeños propietarios que no pueden vender sus productos con el mismo margen de beneficio ni tan baratos como los grandes agricultores ingleses, más favorablemente situados y con los cuales, sin embargo, se ven obligados a competir. Además, en algunos lugares la calidad de la tierra solo permite la cría de ganado, lo cual es poco lucrativo. Luego, también, estos agricultores galeses, debido a su nacionalidad diferenciada, que conservan con tenacidad, son mucho más estáticos que los agricultores ingleses. Pero la competencia entre ellos mismos y con sus vecinos ingleses (y el consiguiente aumento de las hipotecas sobre sus tierras) los ha reducido a un estado tal que apenas pueden subsistir; y como no han reconocido la verdadera causa de su mísera condición, la atribuyen a toda clase de causas menores, tales como los elevados peajes, etc., que si bien frenan el desarrollo de la agricultura y el comercio, son tenidos en cuenta como gastos fijos por cualquiera que toma una explotación y, por lo tanto, en realidad son pagados en última instancia por el propietario. También aquí la nueva ley de pobres es cordialmente odiada por los arrendatarios, que flotan en el peligro perpetuo de caer bajo su dominio. En 1843 estallaron entre el campesinado galés los famosos disturbios de «Rebeca»; los hombres, vestidos de mujer, se ennegrecían la cara y caían en multitudes armadas sobre las garitas de peaje, las destruían entre grandes algarabías y disparos de fusil, demolían las casas de los peajeros, escribían cartas amenazantes en nombre de la imaginaria «Rebeca» y llegaron una vez a asaltar la casa de trabajo (workhouse) de Carmarthen. Más tarde, cuando se convocó a la milicia y se reforzó la policía, los campesinos los despistaban con maravillosa habilidad siguiendo falsas pistas, demolían peajes en un punto mientras la milicia, atraída por falsos toques de corneta, marchaba en dirección contraria; y se entregaron finalmente, cuando la policía estuvo demasiado reforzada, a incendios aislados e intentos de asesinato. Como de
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El proletariado agrícola
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