ley, el carácter sagrado del orden establecido por la voluntad activa de una parte de la sociedad y la aceptación pasiva de la otra, es el apoyo más firme de su posición social. Como el burgués inglés se ve reflejado en su ley como en su Dios, la porra del policía, que en cierta medida es su propia maza, ejerce sobre él un poder maravillosamente calmante. ¡Pero para el obrero la cosa es muy distinta! El obrero sabe demasiado bien, y lo ha aprendido por una experiencia demasiado repetida, que la ley es una vara que el burgués ha preparado para él; y, a menos que se vea obligado a ello, nunca acude a la ley. Es ridículo afirmar que el trabajador inglés teme a la policía, cuando todas las semanas se propinan palizas a los policías en Mánchester y el año comisaría protegida por puertas y persianas de hierro. La fuerza de la policía en la huelga general (turnout) de 1842 residía, como ya he dicho, en la falta de un objetivo claramente definido por parte de los propios obreros.
Como los obreros no respetan la ley, sino que simplemente se someten a su poder cuando no pueden cambiarla, es de lo más natural que al menos propongan modificaciones en ella, que deseen poner una ley proletaria en lugar del entramado jurídico de la burguesía. Esta ley propuesta es la Carta del Pueblo ( People's Charter ), que en su forma es puramente política y exige una base democrática para la Cámara de los Comunes. El cartismo es la forma compacta de su oposición a la burguesía. En los sindicatos ( Unions ) y las huelgas ( turnouts ), la oposición siempre permaneció aislada: eran obreros individuales o sectores los que luchaban contra un burgués individual. Si la lucha se generalizaba, esto apenas