“Es en las grandes ciudades donde el vicio ha extendido sus tentaciones, el placer sus seducciones y la insensatez sus atractivos; donde el delito es alentado por la esperanza de la impunidad y la ociosidad fomentada por la frecuencia del ejemplo. Es a estos grandes mercados de la corrupción humana a donde acuden los viles y los proscritos desde la simplicidad de la vida rural; es aquí donde encuentran víctimas sobre las cuales practicar su iniquidad y ganancias con que recompensar los peligros que los acechan. La virtud se halla aquí deprimida por la oscuridad en que se encuentra envuelta. La culpa madura debido a la dificultad de su detección; el libertinaje es recompensado por el goce inmediato que promete. Si alguien camina por St. Giles, por los callejones abarrotados de Dublín o por los barrios más pobres de Glasgow durante la noche, hallará sobradas pruebas de estas observaciones; ya no se sorprenderá de los hábitos desordenados y los goces proscritos de las clases bajas; su asombro será, no que haya tanto, sino que haya tan poco crimen en el mundo. La gran causa de la corrupción humana en estos lugares atestados es la naturaleza contagiosa del mal ejemplo y la
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