Los hombres se desgastan muy temprano a consecuencia de las condiciones en las que viven y trabajan. La mayoría de ellos no son aptos para el trabajo a los cuarenta años, unos pocos resisten hasta los cuarenta y cinco, casi ninguno hasta los cincuenta años de edad.
Esto se debe no sólo al debilitamiento general del organismo, sino también muy a menudo a una falla de la vista, la cual es resultado de la hilatura en mule, en la que el operario se ve obligado a fijar la mirada en una larga fila de hilos finos y paralelos, forzando así enormemente la vista.
De 1.600 operarios empleados en varias fábricas de Harpur y Lanark, solo 10 pasaban de los 45 años de edad; de 22.094 operarios en diversas fábricas de Stockport y Manchester, apenas 143 pasaban de los 45 años. De estos 143, a 16 se los retenía como un favor especial, y uno hacía el trabajo de un niño.
Una lista de 131 hiladores contenía solo a siete mayores de 45 años, y sin embargo los 131 en conjunto fueron rechazados por los fabricantes, a quienes solicitaron empleo, por «demasiado viejos», ¡y se hallaban sin medios de subsistencia debido a la vejez!
El señor Ashworth, un gran fabricante, admite en una carta a lord Ashley que, hacia el cuadragésimo año, los hiladores ya no pueden preparar la cantidad requerida de hilo y por lo tanto son «a veces» despedidos; ¡él llama a los operarios de cuarenta años «gente vieja»!
El comisario Mackintosh se expresa del mismo modo en el informe de 1833: