de pensar en lo que decían, tan estólidos, tan irremediablemente estúpidos, que a menudo afirmaban que eran bien tratados, que les iba de maravilla, cuando se les obligaba a trabajar de doce a catorce horas, iban vestidos de harapos, no comían lo suficiente y eran golpeados de modo que lo sentían varios días después. No sabían nada de un estilo de vida diferente a aquel en el que trabajan desde la mañana hasta que se les permite parar por la noche, y ni siquiera comprendían la pregunta, nunca antes oída, de si estaban cansados.
En Sheffield los salarios son mejores, y la situación externa de los trabajadores también. Por otra parte, hay que destacar aquí ciertas ramas de trabajo debido a su influencia extraordinariamente perjudicial para la salud.
- Ciertas operaciones exigen la presión constante de las herramientas contra el pecho, y en muchos casos engendran la tisis;
- otras, entre ellas el tallado de limas, retrasan el desarrollo general del cuerpo y producen trastornos digestivos;
- el trabajo con hueso para mangos de cuchillos acarrea dolor de cabeza, bilis y, entre las muchachas, de las que se emplea a muchas, anemia.
Con mucho, el trabajo más insalubre es el afilado de hojas de cuchillo y tenedores, el cual, especialmente cuando se realiza con piedra seca, conlleva una muerte prematura segura. La insalubridad de este trabajo radica en parte en la postura encorvada, en la que el pecho y el estómago se oprimen; pero sobre todo en la cantidad de partículas de polvo metálico de cantos afilados que se liberan en el corte, las cuales llenan la atmósfera y se inhalan necesariamente. La vida media de los afiladores en seco difícilmente llega a los treinta y cinco años, la de los afiladores en húmedo rara vez supera los cuarenta y cinco.
El Dr. Knight, en Sheffield, afirma: