más sangrienta jamás librada. Ni siquiera la unión de una parte de la burguesía con el proletariado, ni siquiera una reforma general de la burguesía, arreglaría las cosas. Además, el cambio de actitud de la burguesía solo podría llegar hasta un tibio juste-milieu; los más decididos, al unirse con los trabajadores, solo formarían una nueva Gironda y sucumbirían en el curso del poderoso desarrollo. Los prejuicios de toda una clase no se pueden dejar a un lado como un viejo abrigo: mucho menos los de la estable, estrecha y egoísta burguesía inglesa. Estas son todas deducciones que pueden extraerse con la mayor certeza: conclusiones cuyas premisas son hechos innegables, en parte del desarrollo histórico, en parte hechos inherentes a la naturaleza humana. La profecía no es en ninguna parte tan fácil como en Inglaterra, donde todos los elementos componentes de la sociedad están claramente definidos y tajantemente separados. La revolución debe llegar; ya es demasiado tarde para lograr una solución pacífica; pero puede hacerse más suave que la profetizada en las páginas anteriores. Esto depende, sin embargo, más del desarrollo del proletariado que del de la burguesía. A medida que el proletariado absorba elementos socialistas y comunistas, la revolución disminuirá en derramamiento de sangre, venganza y salvajismo. El comunismo se sitúa, en principio, por encima de la brecha entre burguesía y proletariado, reconoce solo su significado histórico para el presente, pero no su justificación para el futuro: desea, en efecto, tender un puente sobre este abismo, acabar con todos los antagonismos de clase. Por ello reconoce como justificada, mientras exista la lucha, la exasperación del proletariado hacia sus opresores como una necesidad, como la palanca más importante para un movimiento obrero que apenas comienza; pero va más allá de esta exasperación, porque el comunismo es una cuestión de la humanidad y no solo de los trabajadores. Además, a ningún comunista se le ocurre desear vengarse de los individuos, ni creer que, por lo general, el burgués individual pueda actuar de otro modo, bajo las circunstancias existentes, de como actúa. El socialismo inglés, es decir, el comunismo, descansa directamente sobre la irresponsabilidad del
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La actitud de la burguesía hacia el proletariado
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