muy difícil, ya que los telares se han hecho constantemente más anchos, hasta el punto de que los que se usan hoy en día son manejados casi todos por tres hombres por turno, cada uno de los cuales trabaja ocho horas, manteniéndose el telar en uso las veinticuatro horas enteras. De ahí que las devanadoras y los enhebradores sean llamados con tanta frecuencia durante la noche y deban trabajar para evitar que el telar permanezca inactivo. El relleno de 1.800 aberturas con hilo ocupa a tres niños al menos dos horas. Muchos telares son movidos por energía de vapor, con lo que el trabajo de los hombres queda así suplantado; y, como el informe de la Comisión de Empleo de los Niños (Children’s Employment Commission’s Report) menciona únicamente las fábricas de encaje a las que son convocados los niños, parece deducirse o bien que el trabajo de los tejedores se ha trasladado últimamente a grandes salas de fábricas, o bien que el tejido a vapor se ha generalizado bastante; en cualquier caso, un avance del sistema fabril. Lo más insalubre de todo es el trabajo de los hilvanadores, que suelen ser niños de siete, e incluso de cinco y cuatro años. El comisionado Grainger encontró de hecho a un niño de dos años empleado en este trabajo. Seguir un hilo que debe ser retirado con una aguja de una textura intrincada es muy malo para los ojos, especialmente cuando, como suele ser habitual, el trabajo se prolonga de catorce a seis horas. En el caso menos desfavorable se produce una miopía agravada; en el peor, que es bastante frecuente, la ceguera incurable por amaurosis. Pero, aparte de eso, los niños, a consecuencia de estar permanentemente sentados y encorvados, se vuelven débiles, estrechos de pecho y escrofulosos debido a una mala digestión. Los trastornos en las funciones del útero son casi universales entre las niñas, al igual que la desviación de la columna vertebral, de modo que «todos los hilvanadores pueden ser reconocidos por su forma de andar». Las mismas consecuencias para los ojos y para toda la constitución se producen con el bordado de encaje. Los médicos coinciden unánimemente en opinión de que la salud de todos los niños empleados en la producción de encaje sufre gravemente, que son pálidos, débiles, delicados, de baja estatura y mucho
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Las ramas restantes de la industria
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