toda clase de otras afecciones de carácter más general que local. El aire de las fábricas es, por regla general, a la vez húmedo y cálido, desacostumbradamente más cálido de lo necesario y, cuando la ventilación no es muy buena, impuro, pesado, deficiente en oxígeno, lleno de polvo y del olor del aceite de máquinas que casi en todas partes impregna el suelo, penetra en él y se vuelve rancio. Los operarios van ligeramente vestidos a causa del calor y se resfriarían fácilmente en caso de irregularidad de la temperatura; las corrientes de aire les desagradan; la enervación general que se apodera gradualmente de todas las funciones físicas disminuye el calor animal: este debe ser reemplazado desde el exterior y, por tanto, nada hay más grato para el operario que tener todas las puertas y ventanas cerradas y permanecer en su cálido ambiente fabril. A esto se añade el cambio brusco de temperatura al salir a la atmósfera fría y húmeda o helada, sin medios de protección contra la lluvia ni de cambiar la ropa mojada por ropa seca, circunstancia que engendra perpetuamente resfriados. Y si se reflexiona que, con todo esto, ni un solo músculo del cuerpo se ejercita realmente, se pone realmente en actividad, excepto tal vez los de las piernas; que absolutamente nada contrarresta la tendencia enervante y relajante de todas estas condiciones; que falta toda influencia capaz de dar fuerza a los músculos y elasticidad y consistencia a las fibras; que desde la juventud el operario se ve privado de todo esparcimiento al
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Ramas Industriales Individuales
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