lugar en la sociedad cuando la burguesía puede hacer uso de él; en todos los demás casos es ignorado, tratado como si no existiera. El siervo se sacrificaba por su señor en la guerra; el operario de la fábrica, en la paz. El señor del siervo era un bárbaro que consideraba a su villano como una cabeza de ganado; el empleador de operarios es civilizado y considera a su «mano» como una máquina. En suma, la situación de ambos no dista mucho de ser igual, y si alguno se encuentra en desventaja, es el obrero libre. Esclavos son ambos, con la única diferencia de que la esclavitud del uno es descarada, abierta, honesta; la del otro, artera, astuta, disimulada, fraudulentamente oculta a sí mismo y a todos los demás, una servidumbre hipócrita peor que la antigua. Los tories filántropos tenían razón cuando dieron a los operarios el nombre de esclavos blancos. Pero la esclavitud hipócrita y disimulada reconoce el derecho a la libertad, al menos en su forma externa; se inclina ante una opinión pública amante de la libertad, y en esto radica el progreso histórico en comparación con la antigua servidumbre: en que se afirma el principio de la libertad, y los oprimidos se encargarán un día de que este principio se lleve a cabo.
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Ramas Industriales Individuales
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