comodidad alguna; y, para los jóvenes, casas de huéspedes donde apenas se separa a hombres y mujeres, provocando así relaciones ilegítimas. Uno o dos días sin trabajo en el transcurso de un mes deben sumir inevitablemente a esa gente en la más direusta indigencia. Además, no pueden unirse para subir los salarios, porque están dispersos, y si uno solo se niega a trabajar por salarios bajos, hay docenas sin trabajo, o mantenidos por los subsidios, que están agradecidos por la oferta más insignificante, mientras que a quien rechaza el trabajo, los administradores de la Ley de Pobres le niegan cualquier otra forma de socorro que no sea el odiado asilo como si fuera un vago perezoso; pues los administradores son los propios granjeros de quienes, o de cuyos vecinos y conocidos, únicamente puede obtener trabajo. Y tales informes no provienen de uno o dos distritos especiales de Inglaterra. Por el contrario, la miseria es general, igualmente grande en el Norte y en el Sur, en el Este y en el Oeste. La condición de los jornaleros en Suffolk y Norfolk se corresponde con la de Devonshire, Hampshire y Sussex. Los salarios son tan bajos en Dorsetshire y Oxfordshire como en Kent y Surrey, Buckinghamshire y Cambridgeshire.
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El proletariado agrícola
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