costumbre, estos crímenes mayores fueron el final del movimiento. Muchos se retiraron por desaprobación, otros por miedo, y la paz se restableció por sí sola. El Gobierno nombró una comisión para investigar el asunto y sus causas, y con eso se acabó el tema. La pobreza del campesinado continúa, sin embargo, y un día, dado que no puede disminuir bajo las circunstancias actuales, sino que debe seguir intensificándose, producirá manifestaciones más graves que estas humorísticas mascaradas de Rebeca.
Si Inglaterra ilustra los resultados del sistema de agricultura a gran escala y Gales el de pequeña escala, Irlanda expone las consecuencias de la división excesiva de la tierra. La gran masa de la población de Irlanda se compone de pequeños arrendatarios que ocupan una mísera choza sin divisiones y un huerto de patatas apenas lo suficientemente grande como para abastecerles de patatas, de la forma más escasa, durante el invierno. A consecuencia de la gran competencia que reina entre estos pequeños arrendatarios, la renta ha alcanzado una altura inaudita: el doble, el triple y el cuádruple de la que se paga en Inglaterra. Pues todo obrero agrícola busca convertirse en agricultor arrendatario y, aunque la división de la tierra ha llegado muy lejos, aún queda un sinfín de obreros compitiendo por parcelas. Aunque en la Gran Bretaña se cultivan 32.000.000 de acres de tierra, y en Irlanda tan solo 14.000.000; aunque la Gran Bretaña produce productos agrícolas por valor de 150.000.000 de libras esterlinas, e Irlanda de tan solo 36.000.000, hay en Irlanda 75.000 proletarios agrícolas más que en la isla vecina. Cuán grande debe de ser la competencia por la tierra en Irlanda se evidencia en esta extraordinaria desproporción, especialmente si uno reflexiona sobre el hecho de que los obreros en la Gran Bretaña viven en la más absoluta indigencia. La consecuencia de esta competencia es que a los arrendatarios les resulta imposible vivir mucho mejor que los obreros debido a las altas rentas