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Estas Inmortalidades—en el mundo joven fingidas por los hombres que apreciaban afanes de noble fin, allí en las alturas sembradas de estrellas del Olimpo, alcanzadas sobre alas ínclitas que se elevan hacia la Fama inmortal, cuyas Acciones de Osadía obtuvieron el galardón, que a fuerza de sin fin fatiga y afán llamamos el Camino de la Virtud, pedregoso, empinado de ascender, pero alegre-gozoso, deliciosamente dulce al final: