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Así él, mientras luchaba contra Vientos aún más fieros que chocaban, como Toros bravos indomablement' enloquecidos; a mayor furor el ciego vendaval fue azotado, silbando y aullando a través de la enmarañada jarcia: la espantosa luz nocturna de los relámpagos brilló con más fuerza, y los temibles truenos rodaron y desgarraron la nube, como si los Cielos se desplomaran desquiciados sobre la Tierra, y los cuatro Elementos entraran en mutua batalla.