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“Ahora Velloso en su brazo confía y, siendo arrogante, seguro piensa ir; mas cuando ya el tiempo pasa en que señal alguna de bien puedo procurar; estando con el rostro vuelto hacia arriba con la esperanza de espiar al atrevido Aventurero, ¡he aquí que por las duras colinas aparece, dirigiéndose a la orilla, con más prisa de la que antes mostraba.