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“Aquí el salvaje Combate tiene su más cruel capricho, con muertes y gritos, y tajos y sangrienta lluvia; los multitudinarios Valientes, que matan y son muertos, roban de sus propios tintes al capullo y a la flor:
¡Al fin huyen! ¡mueren! ahora enmudece la nota de la Guerra, mientras lanza y espada han perdido su poder: el Rey de Castilla ha de sufrir el sino del orgullo, viendo mudado su propósito, y hueste derrocada.