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“Luego a Velloso díjole un compañero de broma (mientras todos atienden a la burla con sonrisa cómplice): —¡Holá, Velloso! Ciertamente esa cresta montañosa es tan difícil de subir como fácil de bajar.
—¡Sí, es verdad! —confesó el audaz voluntario—; mas al divisar a tantos perros a lo lejos en pandilla, me di prisa, pues comencé a temer que la mala suerte pudiera atraparos si estabais allí sin mí”.