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Y su angélica forma se muestra mezclada con sonrisas, tristeza del modo más ameno; como justa doncella por rudo zagal turbada, incauto y brusco en juego de amor ameno; que ríe y riendo hace pucheritos con ira fingida, pasando sin pausa de grave a risueña; así ella, la Diosa que a ninguna rival consiente, más suave que triste implora a su Padre clemente.