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¡Vanidad digna de su estirpe santa! Aquél que audaz surcó la mar primera, y de su nido amado echó en su planta al dueño antiguo de la Abila fiera. Él, que con arte y obra infatigable, uniendo madero a madero, mostró las partes donde el brillo asoma de Argo y la Hidra, el Ara y la Paloma.