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“Así vencida cedió, y al fin yacía postrada aquella Ciudad que, en días de antaño, la hueste poderosa obedecer nunca querría de la fría Escitia, de hordas inmensamente audaz y extraño: Que pudo extender tanto su salvaje señorío, hasta que el Ebro lo vio, y el Tajo tembloroso corrió; y algunos por la tierra del Betis, en suma, barrieron tal que aquella fue la región que llamaron Vandalía por señal.