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¡Cuántos rostros exangües y blancos, cuyos desmayados corazones confortó la sangre vital amiga!
Pues en el terrible peligro el Miedo tiene más poder —el miedo al peligro— que el peligro temido:
Si no es así, lo parece; cuando el furor del combate ha incitado al espíritu del hombre a abatir o matar al enemigo, hace que le tenga sin cuidado cuán alto sea el precio de la pérdida de un miembro, o de la preciada vida temerariamente perdida.