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“De conchas y ostras, y la carga de algas, el repugnante fruto del Océano profundo, limpiamos nuestras sentinas que el largo camino del mar trajo al carenaje obstruidas e inmundas: Nuestros irreprochables etíopes, que no muy lejos moraban, acudieron en bandadas con alegres y jocundas ofertas, proveyendo el sustento que principalmente buscábamos, puros de toda mentira, libres de todo pensamiento fingido.