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“¿Quién ve una mirada fija y firme, un gesto afable, suaves promesas de angélica excelencia, el alma transformándose siempre por un influjo encantado?; dime, ¿quién de un poder así puede hallar defensa?
Pardiez, apenas culpa al rey Fernando quien paga, como él hizo, la experiencia del Amor: mas el Juicio humano, si libre de capricho, juzgaría su negligencia aún peor.