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¡Pensad que no, oh no, Ninfas mías! Querría yo inflamar al hombre que osa a su patria y a su Rey olvidar por la mezquina demanda del interés privado, por ley de Dios y del Hombre una cosa criminal. Ni la pobre ambición, cuyo degradado propósito es ganar un cargo, cantará jamás mi Canto, cuyo único objeto en el ignominioso premio es un más amplio margen de Vicios e Infamias.