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“De este Dios-hombre supremo, infinito, los libros que querrías ver no he traído; de traer lo que el hombre escribe en papel quedamos exusados, pues en espíritu está escrito y labrado.
Mas si con armas quisieras refrescar tu vista, como has pedido, nada te niego; amigo a amigos se las muestro; y juro que jamás como a enemigo te mostraría su temple”.