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“Y si tu santa piedad se digna salvar a este pueblo peregrino y pobre, que de tu gracia y bondad sola depende, para arrancar la salvación al falso y cruel moro; dígnate, Señor, que nuestro cansado rumbo termine en algún hermoso puerto, abrigado y seguro; o muéstranos las lejanas costas que anhelamos ver, ya que toda esta navegación es para servirte.”