Encontré este talismán en Camões.
Y si es verdad que, en virtud de su perfecto afecto y veneración por Homero, a quien amaba como a un segundo yo, Chapman pudo reflejar algo de la fuerza mágica y el fuego del viejo griego, a mí también se me permitirá esperar que la completa simpatía con mi Poeta me permita presentar al público una copia no indigna de la inmortal obra de Camões.
A fin de cuentas, y hablando sin falsa modestia, mi razón más poderosa para publicar esta traducción de mi Maestro es, simplemente, porque la prefiero a cuantas han aparecido. Otros pensarán de otro modo; y hay un Juez de cuya sentencia no cabe por ahora apelación. No he escatimado esfuerzo alguno en la obra; me he satisfecho a mí mismo, si no a Maleboca; y repito mi divisa: poco spero, nulla chiedo. Si un cúmulo de menudencias adversas impide que se me aprecie ahora, llegará el día, por ventura algo tarde, en que los hombres alaben lo que hoy pasan por alto.
Richard Francis Burton
El Cairo, 1 de mayo de 1880.