81
Y aun así, ¡oh Ninfas mías! no era suficiente castigo que tales nubes de dolor cercaran mi vida; sino que aquellos para quienes canté la estrofa patriótica, con triste pago debían remunerar mis fatigas, mis agonías: En lugar de la Paz y el Descanso que esperaba obtener, en vez de laurelas coronas atadas a mis sienes, debían inventar tribulaciones por hombres nunca vistas, cuando males de toda índole atormentan mi alma.