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“Contemplad el reino de Arracán, contemplad el trono de Pegu poblado por una prole de monstruos; monstruos engendrados en un encuentro de lo más impío entre cachorro y mujer en el solitario bosque. Aquí campanas de resonante oricalco ajustan a sus cuerpos, por la astucia de la sutil Reina, que planeó tan nueva costumbre para aplacar el maldito Pecado y el Crimen nefando.