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—¡Ay, si hubiera juzgado, mi poderoso Padre, que en aquello que mi pecho amante prefería hallaría en ti clemencia, afecto y benignidad, aun cuando se hubiera avivado el odio de un corazón hostil! Mas, como veo que tu ira se inclina contra mí —ira inmerecida, pues jamás te he fallado—, triunfe Baco con su perversa voluntad; mientras yo, en su dicha, me siento a lamentar mi mal.