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“Tan graciosa maravilla enviada de tal modo inflamó los espíritus fieros y altos de los lUSITANOS, hacia su natural Rey, aquel excelente Príncipe, a quien nadie negaba el don del amor:
Dispuestos a hacer frente al prepotente enemigo, gritaron resonante consigna al cielo, y fiero se elevó el clamor: «¡Real, real, por el alto Alfonso, rey de Portugal!».