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Tú, joven, tierno, siempre floreciente ramo, verdadero vástago del árbol más amado por Cristo de cuanto el Occidente jamás conoció, antes llamado «Cesarísimo» o «Cristianísimo»:
- Mira tu escudo y contempla cómo muestra la victoria actual que la lejana antigüedad engendró;
- Armas que Él dio y tuyas hizo al ser asumidas por Él en el madero fatal: