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“Esto dice a continuación:
«¡Oh, hijo! Yo siempre tuve el frescor de mis pesares y el dulce alivio de mi ya cansada y ajada senectud tan pronto por hundirse en las tinieblas de la necesidad y el penar; ¿por qué me dejas así forzado a la penuria y al dolor? ¿Por qué huyes de mi amor, niño tierno?, cuyos días tan breves se pondrán en la oscuridad, y en salobre tumba alimentarás a los peces de la ávida ola».