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“¡Oh, hija mía la más bella! aparta bien tu temor de que a tus lusitanos les ocurra indigno daño; ni creas que mi espíritu tiene por algo tan querido como las tristes aguas de estos soberanos ojos: verás, hija mía, óyeme jurar, al griego y al romano despojados de todo su brillo, por las gestas ilustres que esta tu raza de héroes osará y hará en el lugar habitado de Oriente.