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¿No ves ya casi derribado todo el poder lusitano, cuando abandona su línea el devoto capitán, que va solo a invocar a aquella Esencia, la Trinidad Altísima?
Ahora míralo llamado apresuradamente por los suyos, que alegan que la Fortuna ha de inclinarse forzosamente hacia una fuerza arrolladora, y ruegan que su presencia anime a los soldados y fortalezca su débil temor.