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¿Acaso en mi registro de enemigos quieres tú alistarte?
¡Apoyar al más fuerte no es cosa valerosa!
¿Acaso robarías mi generoso corazón que entero era antes?
¡Suéltatelo a ti mismo, cuanto más deprisa corras!
¿No te agobia esta Alma, mi mezquina Alma, que en esos hilos de oro reluciente hilada, enredada la llevas? ¿O así ganada la presa, has aligerado a la Fortuna que tan pesada yace?