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Y, a desafiar su senda, partió al momento, tal gracia exhalaba en cada ademán, que astros, cielos y el circundante éter del viento, y cuantos la vieron, de amor fuego arderán.
Aquellos ojos donde Cupido anida atento, vitales espíritus por la vida verterán; los frígidos Polos con tórridos ardores quemados, y esferas de hielo ártico en llamas transformados.