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“Allí las anchas costas del reino del Congo muestran, antaño por nosotros convertidas a la fe de Cristo, donde fluyen las profundas y claras aguas del largo Zaire, río por los hombres de antaño no visto ni conocido: y ahora al fin surco los mares extensos, lejos del polo bien conocido de Calisto, y me dispongo a pasar los tórridos calores bajo la Línea, que define el centro de nuestra Esfera.