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Georgianos, armenios, griegos, la infeliz Tracia invocan tu nombre para aplacar a la horda indescriptible que condena parforce a sus seres queridos a abrazar los preceptos del Alcorán (¡impuesto de sangre aborrecido!):
Demuestra, cuando castigues a esa raza inhumana, el espíritu del Sabio y la espada del Soldado; ni codicies alabanzas arrogantes y la más vana vanagloria de un valor jactancioso sobre una hueste hermana.