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“Si el original yerro del humano, de los tiempos canoso, por el cual la dura caída fue nuestra desdichada suerte, no hubiese hecho nunca que la copa del crimen mortal —cruel azote de todo estado cristiano— se desbordara de enemistad en todos los climas para los hijos de Adán con innata falsedad (¡oh, Rey sublime!), de esa secta inmunda y turbia, jamás me habrías tenido por sospechoso de tal acto.