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Y, asimismo, busca, para tramar tal engaño, un práctico musulmán que guíe las proas, bribón astuto y sutil, pronto a la maldad, en quien para la peligrosa hazaña más confiaba: A él le ordena conducir al lusitano, y costear con él tales orillas y avizorar tal marea, para que, aun escapando de los peligros presentes, avance aún más, y caiga allí de donde ninguno se levanta.