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“Así el bárbaro Gigante, enorme y desgarbado, con motivo para el real Saúl tan temible apareciendo cuando vio al Pastor sin espada plantarse enfrente, armado solo con guijas y con corazón intrépido; lanzó su mueca de orgullo y arrogante burla mofándose de la humilde ropa del débil mozuelo, quien, girada la honda, pronto bien le enseñó la lección, cuánto la Fe a toda fuerza humana ha de exceder: