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Los vientos halagüeños y jocundos su marcha aceleraban con premura, cual si el cielo sonriente a sus mundos defendiera con gracia y con holgura; sereno el firmamento en los segundos, sin nube el día lúcido perdura, y el cabo verdeante de Praso atrás quedaba, do la costa etíope se dilataba;
cuando el Océano, abriéndose en la bruma, mostró a la vista un llano de Isletas acariciadas por la espuma.