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’En tal frescura un raudo pie pisó a nuestros segundos Argonautas, muy atrás la Flota, donde en las profundidades del bosque deseosas de ser halladas paseaban las bellas Ninfas como si ningún miedo supieran;
éstas despertaron el suave y patético sonido de la Zítra, aquéllas hicieron que el Arpa y la Flauta cantaran canciones tan dulces; y llevando arcos de oro aparecieron unas pocas la presa persiguiendo que no perseguían.