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Los bosques que revisten las colinas trinas con frondentes bucles frentes y cabezas atavían;
los álamos de Alcides se entrelazan con los laureles amados por el dios de dorada melena y coronado de lauro, el Señor del Día:
y los mirtos de Citerea con el pino de Cibeles, presa de un extraño amor:
el ciprés que se eleva apunta a los cielos, donde el hombre ha construido su Paraíso aéreo.