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¡Y tú! ¡Oh buena y augurada confianza, queridísima de la antigua libertad de Lusitania, sobre la que erigimos segura esperanza obligados a ver nuestra frágil cristiandad!: ¡Tú, oh nuevo terror de la lanza mora, maravilla predestinada de nuestro siglo, para regir mundos de hombres dados por Dios, a fin de que lo mejor del mundo sea dado a Dios y al Cielo!: