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“¡Oh, famoso Pompeyo! ¿No siente tu ánima pena al ver el sino de nobles gestas como la tuya; ni lloras si la muy justa Némesis ordena que tus lauros desgarre indigno suegro en cuya fase el Phasis helado y la seca Siena cuyas sombras perpendiculares jamás disminuyen, los hielos de Bootes y fuegos ecuatoriales, confiesan los terrores que inspiran tus anales;